Vacaciones en el mar

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Bueno, no exactamente, ojo, que yo estaba trabajando, no vaya a pensar nadie que me ausento de mis clases por placer…Vacaciones en el mar.

 

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El caso es que acabo de volver de tocar en un crucero de esos con restaurantes, piscinas, casinos y demás. El barco en cuestión recorre las aguas del mar del norte, desde Oslo hasta Kiel, ida y vuelta, en total unas cincuenta horas de viaje.

 

Pues bien, resulta que un par de veces al año el crucero se transforma en una especie de festival de Blues en alta mar, en el que una docena de bandas tocan durante día y noche para unos dos mil aficionados blueseros, nada menos. Así se las gastan los noruegos, sí.

 

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Y nada, este año los travellin’ hemos sido una de las bandas seleccionadas para participar en el crucero, así que el pasado día 20 nos plantamos en Oslo dispuestos a embarcar y vivir la experiencia Blues Cruise.

 

Y vaya si la hemos vivido. Nuestro cometido oficial era dar dos conciertos en el escenario principal, un anfiteatro en la proa con capacidad para unas 800 personas. Las condiciones técnicas estaban a la altura del mejor de los festivales y el backline era de primerísimo nivel (cuando llegué al escenario tenía dos Nord nuevecitos a mi disposición). Además de eso hemos disfrutado como público del resto de conciertos y hemos participado en las jams que empezaban justo después de las actuaciones y terminaban a horas intempestivas… -se ve que en aguas internacionales no rige la ley-.

 

Así que una experiencia bastante completa, la verdad, más teniendo en cuenta que el primer día la mar se puso animada justo una hora antes de que empezáramos a tocar, y cuando subíamos al escenario los zarandeos no eran ninguna broma. Yo como toco sentado estaba relativamente tranquilo, pero en más de una ocasión alguno de mis compañeros casi se va al suelo, y no exagero. El público, que parecía ajeno al bamboleo del barco, bailaba como si nada, y había momentos en los que desde el escenario se veía a todo el mundo desplazarse hacia la derecha y luego hacia la izquierda, como en una especie de coreografía al ritmo de las olas. Increíble que no pasara nada grave.

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Más allá de lo anecdótico, me resulta interesante observar el éxito que puede llegar a tener un evento de estas características, que además, no es precisamente barato para los asistentes. Dos mil personas, aproximadamente, que embarcan en un crucero para pasar dos días y dos noches escuchando blues. Impensable por estos lares. Y no es de extrañar, sin embargo, teniendo en cuenta la presencia que las actividades culturales tienen en los países nórdicos. Un país que apoya e invierte en cultura educa a la ciudadanía en esa dirección. El resultado es más que visible, lo acabo de vivir en mis propias carnes.

 

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Post de Dpto. de Piano de MrJam CMM.

 

¿Tienes miedo escénico a la hora de tocar el piano en público?

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El maestro Pau Casals en su debut en Viena estaba tan nervioso que cuando empezó el concierto, al cabo de pocos compases de la orquesta, el arco le saltó por los aires y él, queriendo atraparlo al vuelo, lo golpeó todavía más y lo hizo volar hasta la sexta fila de platea.

 

El público restó inmóvil, sin hacer comentario alguno. Una persona del público recogió el arco y lo hizo pasar de fila en fila hasta llegar a las manos del maestro. La orquesta permaneció tranquila, sin dar sensación de inquietud o contrariedad. Casals se quedó impresionado: ¡Qué placer poder tocar para aquel público! Recogió el arco con emoción y agradecimiento, se sentó, hizo una señal decidida al director y el concierto volvió a empezar.

 

La velada se recuerda como memorable, con el público de las últimas filas en pie para poder ver y aclamar al maestro Pau Casals”.

 

 

Cuando nos enfrentamos a un público o audición y presentamos síntomas como sudoración, respiración acelerada, escalofríos, nauseas, trastornos digestivos, tensión muscular, pérdida de concentración, pensamientos pesimistas y de fracaso está claro que nos encontramos ante un claro caso de miedo escénico.

 

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El miedo escénico ha estado presente a lo largo de toda la historia de la música, es por esto que cuando sintamos alguno de estos trastornos no debemos sentirnos en absoluto desdichados ni raros. Parafraseando al poeta del piano, Fryderyk Chopin:

 

No estoy hecho para dar conciertos, yo, a quién el público intimida, me siento paralizado por las miradas llenas de curiosidad. No podías creer qué martirio era el mío tres días antes de tocar en público”

 

 

Una mente no entrenada puede acoger una serie de pensamientos y hábitos que conscientes o no, hacen que aparezca este miedo. El “miedo escénico” afecta a un 95% de la población.

 

El problema surge cuando no somos capaces de tocar de la misma manera ante el público que cuando tocamos en casa sin que nadie nos escuche. Si planteamos una actuación como algo que no tiene nada que ver con el alarde de nuestro ego y nuestra destreza y lo planteamos como una oportunidad de compartir nuestro placer por la música con otros, ese miedo acabará disipándose. Concentrarse en el resultado musical que se pretende transmitir es básico para aplacar este problema.

 

Sin embargo, aunque nuestro fin sea disfrutar transmitiendo con la música hay una serie de normas fundamentales que no debemos olvidar:

 

  • Durante la ejecución jamás debemos parar por un cometer un error. Si paramos de tocar estaríamos cometiendo dos errores.

  • Si durante la interpretación nos equivocamos bruscamente debemos terminar de forma sólida y dar todo el valor que se merece al resto de la obra hasta su fin. No debemos bajar la cabeza ni lamentarnos.

  • Un clásico error es el de realizar un falso comienzo y detenerse. No debemos interrumpir la interpretación para comenzar de nuevo, una vez empecemos tocaremos sin parar hasta el final.

 

Numerosos factores convergen para hacer de la actividad pianística un momento particularmente estresante. Algunos de estos factores dependen directamente del intérprete, otros, del medio que le rodea, de la sociedad y del aprendizaje recibido.

 

Así pues, en el teclista, la aparición de la ansiedad y su importancia vienen condicionados por multitud de factores. A continuación veremos algunos de ellos:

 

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METODOLOGÍA DE APRENDIZAJE Y PRIMERAS EXPERIENCIAS

 

Debemos dar suma importancia al trabajo realizado en el aula ya desde la infancia y a las primeras experiencias vividas por el pianista, ya que esto determinará su identidad (forma de pensar sobre sí mismo) y que en un futuro sea más o menos ansioso.

 

La autoestima y las metodologías de aprendizaje utilizadas son vitales para evitar la aparición del miedo escénico y para tener seguridad en uno mismo. Una autoestima elevada hace que el pianista sea capaz de no preocuparse en exceso por lo ocurrido en una actuación ni por lo que pueda ocurrir en el futuro. Confía plenamente en su capacidad para resolver problemas sin dejarse intimidar fácilmente por las dificultades y si lo necesita, sabe pedir la ayuda de otros. Desarrollar la autoestima es ampliar la capacidad de ser feliz y de afrontar el miedo escénico con éxito.

 

LA CONCENTRACIÓN

 

La concentración y el autocontrol son pilares básicos que hay que tener en cuenta para mejorar la actuación ante el público y, por tanto, la ansiedad escénica.

 

No debemos empezar a tocar si no sabemos adónde queremos llegar. Primero hay que tener una idea clara de la obra para que sea la mente quien dirija y domine al cuerpo y no a la inversa. Grabar nuestras sesiones de estudio y las actuaciones pueden ser de gran ayuda ya que nos vemos a nosotros mismo desde fuera y aprendemos a autoevaluarnos y a ser autocríticos. Como pianistas, unos minutos de actividad física dedicados a ejercicios de resistencia muscular, coordinación y flexibilidad son muy recomendables.

 

Preparar el cuerpo y la mente antes y después de la actuación no sólo influirá en la concentración, sino también en la capacidad para superar las dificultades.

 

CAPACIDAD COMUNICATIVA

 

La comunicación con el público empieza desde el primer instante que salimos al escenario. Es importante tener contacto visual con el público y agradecer los aplausos. Muchos alumnos comentan que para calmar la ansiedad que sienten, cuando salen al escenario no miran al público y piensan: “Estoy en casa, no hay público”. Sin embargo, esta técnica de escape empeora todavía más su estado de ansiedad ya que el cerebro se siente engañado y pronto, se dan cuenta de que en realidad no están en su casa sino en una sala de audiciones.

 

Lo que en realidad ayudará al pianista es un trabajo conductual que le permita afrontar la situación con un pensamiento más racional como: “Sí, es cierto, hay público, pero me he preparado para ello, me siento agradecido de poder compartir este momento”.

 

TRABAJAR LA MEMORIA

 

Tocar sin partitura cuando técnicamente no está bien trabajada es una de las causas de aparición del miedo escénico. A un músico que presenta pánico escénico tocar con partitura le da sensación de seguridad. Debemos trabajar para que, poco a poco, sea él mismo quien se dé cuenta de que no le hace ninguna falta. Cuando el intérprete no sólo memoriza, sino que memoriza correctamente entendiendo lo que está escrito, es entonces cuando el músico se ve capaz de tocar sin partitura. Esto permitirá concentrarse mucho mejor en la obra y en el sonido emitido.

 

Como podemos observar, el pianista (que tiene que estar atento a numerosos aspectos técnicos) sufre física y psicológicamente el miedo escénico como un fenómeno desagradable y busca mecanismos más o menos eficaces para eliminarlo.

 

Debemos actuar sobre este miedo desde sus inicios, es decir, desde la infancia o adolescencia, y tratarlo individualmente, ya que las manifestaciones son diferentes según sea la personalidad del teclista.

 

La solución no es eliminar el miedo, sino aprender a afrontarlo. De este modo se logrará reducir los síntomas a un mínimo deseable que le favorezca, llegando incluso a mejorar su actuación.

 

Importancia de las técnicas de relajación

 

Los estímulos emocionales como el miedo, la ansiedad y el pánico desencadenan cambios en nuestro cuerpo: empezamos a sudar, el corazón se dispara, aumenta la presión arterial, no podemos articular palabra… Las informaciones sobre estos cambios corporales son remitidas al cerebro, y éste las almacena de sentimientos subjetivos. Este dispositivo de alerta se dispara cuando no debería hacerlo y su cuerpo no le ayuda poder actuar en buenas condiciones. El problema aparece cuando el pianista no sabe cómo dominar esta situación. De aquí la importancia de las técnicas de relajación como complemento imprescindible en el tratamiento del miedo escénico: si aprendemos a relajar nuestro cuerpo, también aprenderemos a relajar nuestra mente.

 

 

En definitiva, vivimos en una sociedad competitiva que erróneamente nos obliga a querer realizar actuaciones impecables. Los errores se pueden corregir mientras que la pasión por lo que tocamos, si no es reconocida , alimentada y entrenada acaba desapareciendo.

 

Tocar una nota equivocada es insignificante pero tocar sin pasión es inexcusable”.

 

Ludwig Van Beethoven

 

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Post de Jon Antón, profesor de Piano en MrJam CMM

 

Mi primer teclado

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La adquisición de un instrumento musical tiene una transcendencia vital a la hora de crear un buen ritmo para un aprendizaje correcto, una sensación gratificante en la práctica diaria y un creciente apego por el instrumento.

 

Para los teclistas son varios los factores que afectan a esta importante elección, a continuación comentaré los aspectos fundamentales a tener en cuenta.

 

El número de teclas es un aspecto básico a tener en cuenta. Por un lado están los modelos de 61 teclas (5 octavas) mientras que por otro lado están los modelos de 88 teclas (7 octavas), que correspondería a un teclado completo.

Mi primer teclado

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Este asunto puede no resultar demasiado relevante al comienzo, pero a medida que el aprendizaje avanza y el nivel del teclista aumenta, nos encontramos ante la necesidad de tener las 88 teclas. Son muchos los [email protected], en su mayoría niñ@s, que comentan que les faltan teclas en su teclado.

 

Esto no implica que un teclado de 61 teclas no sea productivo o no satisfagan las necesidades de un teclista. Estos modelos tienen aspectos muy interesantes a tener en cuenta.

 

  • Todos ellos poseen grandes cantidades de sonidos y ritmos que atraen la atención de los más pequeños e influyen notablemente en el aprecio y en la curiosidad por este instrumento.

  • Esta gama de sonidos nos ayuda a introducir este instrumento en todo tipo de estilos musicales. Estos modelos incluyen sonidos tanto de sintetizadores, pianos, instrumentos de viento, cuerdas…

  • Al tratarse de un modelo con un amplio abanico de sonidos y ritmos, es habitual encontrarlo como herramienta de trabajo en escuelas de baile moderno.

 

 

Es muy recomendable que si adquirimos un teclado de 61 teclas, éste sea de “tecla sensitiva”, es decir, que sea capaz de captar la velocidad y fuerza con la que pulsamos y por tanto emita un volumen distinto a cada tipo de pulsación. En caso contrario, nuestras interpretaciones tendrían un carácter lineal y no podríamos jugar con los sonidos fuertes y agudos.

 

Sin embargo, hay un factor que marca la diferencia y no debemos olvidar, los teclados de 61 teclas carecen de teclas contrapesadas. Cierto es que normalmente estos modelos tienen una finalidad más lúdica que educativa; llegados a este punto, tenemos que referirnos directamente a los teclados de 88 teclas que son el tipo de teclado que encontraremos con más asiduidad en las escuelas de música.

 

Los teclados de 88 teclas o pianos digitales tienen al igual que los pianos acústicos, teclas contrapesadas. En un piano acústico consiste en un martillo que golpea la cuerda correspondiente y en función de la fuerza de pulsación, emite la nota con mayor o menor volumen. Se puede observar un efecto de rebote en las teclas de los pianos digitales y teclados de 88 teclas produciendo el mismo efecto de los pianos acústicos.

 

Además, hay varios aspectos que caracterizan los teclados de 88 teclas o pianos digitales:

 

  • El tamaño de la tecla y la sensibilidad de ésta es muy parecida a las del piano acústico. Dándole un carácter mucho más profesional.

  • El sampleado del sonido de piano o de los sonidos que poseen son mucho más reales y están considerablemente más logrados dotándoles de un mayor realismo.

  • La extensión del teclado es la completa.

  • Estos modelos vienen de origen con pedales de expresión y permiten transportar el tono del teclado.

  • Todos ellos sin excepción incluyen una entrada de auriculares que permite ensayar a cualquier hora del día sin temor de molestar a nadie si se desea tocar a altas horas de la noche.

 

 

No hay duda de que si las posibilidades económicas lo permiten, se recomienda adentrarse directamente en los pianos digitales o teclados de 88 teclas ya que proporcionan ventajas que los teclistas a larga van a necesitar y son de gran importancia.

 

Evidentemente, el precio del instrumento es un aspecto a valorar. Pero no debemos caer en el error de inclinarnos hacia lo más barato ya que si compramos un teclado sencillo de 61 teclas y seguimos tocando con asiduidad, los ejercicios que se estudien van a requerir mayor número de teclas y con el tiempo nos veremos obligados a comprar un teclado de 88 teclas.

 

En definitiva, no debemos precipitarnos a la hora de comprar un teclado nuevo. Debemos valorar los aspectos anteriormente comentados e inclinarnos por el modelo que más se ajuste a nuestras necesidades.  

 

Post de Jon Antón, Profesor de Piano en MrJam CMM

 

Hammond Organ: Teclados Vintage – Capítulo IV

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Viene del post Teclado Vintage Capítulo III

 

En el año 1935, el ex-relojero Laurens Hammond empezó a producir órganos para el 'mercado del ocio' y con eso creó uno de los instrumentos musicales electrónicos más populares de todos los tiempos. El Hammond Organ es el órgano electrónico por excelencia, su uso y popularidad está extendido en casi cualquier estilo que podamos asociar a la música moderna, y su vigencia es absoluta.

 

 

Desde una perspectiva estrictamente técnica, el órgano Hammond o Hammond Organ es un aparato que produce sonidos a partir de un motor eléctrico conectado a una serie de ruedas de tono, que rotan cerca de un imán y una bobina, la velocidad de rotación determina la nota musical producida por cada rueda de tono en particular.

 

Una de las características principales del Hammond es que obtiene su sonido por la suma de armónicos, de este modo el timbre en el Hammond se produce por la mezcla de la fundamental y de hasta ocho armónicos que se pueden controlar a través de un sistema de barras, conocidas como drawbars. Tiene además dos teclados de 61 teclas y un teclado pedal con 25 notas. Todo un monstruo de unos 180 kg. de peso, nada menos.

 

El Hammond necesita ser amplificado para sonar. El más famoso de los altavoces que se usan para amplificarlo, y que forma hoy en día un binomio casi inseparable es el Leslie; un parlante rotatorio que mueve el sonido alrededor de la habitación para crear un efecto de chorus.

 

Los modelos más populares son el B3, más propio del blues y del jazz, y el C3, más usado en el rock. Pero a lo largo de la historia han sido muchos los diferentes modelos que se han comercializado bajo la marca Hammond.

 

 

Actualmente existen numerosos emuladores del sonido clásico del Hammond, pero los que hemos tenido la suerte de probar uno auténtico sabemos que nada es comparable a la experiencia de 'pilotar' una de estas maravillosas máquinas. La capacidad expresiva del instrumento es ciertamente asombrosa, y los maestros del Hammond consiguen transmitir emociones realmente intensas.

 

Para muestra terminemos con esta maravilla de Corey Henry, una 'experiencia religiosa'.

 

 

Dpto. Piano en MrJam CMM

 

Hohner Clavinet: Teclados Vintage – Capítulo III

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Viente del post Teclados Vintage Capítulo II: Piano eléctrico Wurlitzer

 

Si mencionamos el Hohner Clavinet, así de entrada, quizá muchos de vosotros no sepáis de qué instrumento se trata, pero si escucháis la siguiente canción seguro que reconocéis su inconfundible sonido.

 

Efectivamente, no hay duda, ya lo habíais escuchado antes. Eso que suena después de la intro de batería es exactamente un Hohner Clavinet. A continuación podéis ver el modelo D6, el más clásico y característico de la gama.

 

Un poco de historia. En los años 50 el músico e inventor Ernst Zacharias diseñó el ‘Cembalet’, un clavecín (instrumento clásico típico de la época barroca) amplificado electrónicamente a través de un mecanismo similar al de las guitarras eléctricas.

 

La casa Hohner se hizo con la patente de Zacharias e introdujo el instrumento en el mercado. Inicialmente el Clavinet estaba dirigido al uso doméstico y la interpretación de música clásica europea, de hecho, los primeros modelos tenían una estética muy parecida a los clavicordios barrocos, con cuerpo triangular y patas de madera enchapada.

 

Sin embargo, en cuestión de unos pocos años el instrumento empezó a gozar de verdadero éxito en grupos de rock, funk, reggae y demás estilos de estética setentera, donde el Clavinet destacaba como auténtico potenciador del feeling groovero.

 

A lo largo de la historia del Clavinet, han sido varios los modelos que se han fabricado, la mayoría de ellos con 60 teclas y rango de cinco octavas. Los últimos contaban ya con mejoras de ingeniería dirigidas específicamente al campo de la amplificación en grandes escenarios, dado el éxito que el instrumento tenía por aquel entonces en grupos de rock como Led Zeppelin o Emerson Lake & Palmer, por ejemplo.

 

A pesar de los momentos de gloria que el Clavinet le había dado a la casa Hohner, a finales de los setenta el instrumento parecía no tener mucho más recorrido, y dejó de producirse en 1982.

 

Hoy en día, es uno más de esos sonidos clásicos que vuelven a estar de moda, para dar autenticidad y aire vintage a grabaciones actuales.

 

 

Continua con la serie de teclados Vintage con: Teclados Vintage Capítulo IV: Hammond Organ

 

Dpto. de teclado en MrJam CMM